LA HABANA, Cuba, 31/03/12 (Guillermo Enrique Arbella Salazar/OPINA-PRESS) – Previo a la llegada del Sumo Pontífice Benedicto XVI a éste feudo, los católicos pegaron varios miles de afiches con la imagen del Jefe de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, teniendo como fondo la de la Inmaculada Virgen de la Caridad. Al amanecer del día siguiente a su retorno a Roma, el pueblo se ensañó, para demostrar su decepción, frustración e indignación, contra tales propagandas, arrancando la parte de la imagen papal, en un intento por separarle de manera definitiva de la figura de veneración cubana. A lo largo y ancho de ésta capital, que está muy lejos de ser para todos los cubanos, las calles amanecieron mostrando los destrozos de la imagen de Benedicto XVI, que fueron arrancadas violentamente, y donde el afiche estuvo mejor engomado, los indignados rasparon o rasgaron la fotografía del Papa, ensañándose sobre todo en el rostro, que muestra múltiples desgarraduras, en aquellos posters donde no pudo ser desprendida. Llama la atención que, la imagen de la Patrona de Cuba, no fue dañada en ninguno de los cientos de casos verificados por los corresponsales y colaboradores de ésta Agencia de Prensa. El pueblo, de manera anónima mostró así su irrespeto hacia el Jefe del Estado Vaticano, en una clara demostración del desprecio de un pueblo esclavo, ante la personalidad en la que confió, para ver reivindicados sus derechos a la libertad, la democracia, el respeto por los derechos humanos y un orden social basado en el Estado de Derecho y Bienestar.
El pueblo ha sentido un espaldarazo por parte del Jefe de los Católicos y por la propia Iglesia, que siempre ha querido identificarse como representante del pueblo, y ahora ha quedado claramente demostrado que, siempre ha estado desinteresada de la situación de servidumbre del pueblo, de la misma manera que cuando los cubanos nobles iniciaron la lucha por su emancipación del grillete español, se aliaron a la metrópoli y a los poderosos.
Los corresponsales y colaboradores de ésta Agencia, en la capital y en Santiago de Cuba, adonde el Papa llegó primero, constataron sobre el terreno éstos hechos y recogieron opiniones indignadas por las expresiones de los rostros de los cardenales y obispos cubanos y de la comitiva papal, sobre todo de Monseñor Jaime Ortega Alamino, que durante el discurso de Castro II, parecía la mujer de avanzada edad, que llegada al ocaso de su vida, soltera, de pronto ha encontrado un candidato a marido (aunque tuerto, sordo, cojo y manco), pero quien la librará de la condición de solterona.
“Muy bonitos los llamados a la reconciliación, pero ¿por qué no se comenzó exigiéndole a los castros, para iniciar esa “reconciliación”, respetar el derecho a las libertades de movimiento, de expresión, de prensa y asociación de los desafectos, disidentes, opositores políticos y periodistas independientes?” se preguntaba Carmen Dihigo, de 31 años de edad e ingeniera química, mientras Alberto Rivero, de 20, cree que “la posición de enfrentamiento que, tuvo la Iglesia Católica en los años 80, con tantas Cartas Pastorales, era, parece, para presionar y asustar a los Castros , para obligarles a negociar a favor de los intereses institucionales de la Iglesia de la Conquista Española, y no verdaderamente interesados en la situación de servidumbre que vive el pueblo cubano.” Para Yusimí Tellez, una joven de 25 años de edad, también todo parece estar claro ahora: “...de las Iglesias no podemos esperar nada, todas se han arrodillado para adorar y bendecir al Diablo y al Demonio...”, al mismo tiempo que Noemi Caro manifestaba que “no hubo ni una palabra de condena por los cientos de detenidos de las últimas horas, ni por los presos políticos, ni por las condiciones infrahumanas en las cárceles, ni contra la violencia y la represión que sufren los desafectos, disidentes, opositores políticos, sobre todo las Damas de Blanco, y el creciente índice de inseguridad en las calles,” Carlos Ramón Ricardo aprovechó para quejarse, al apartarse del grupo de estudiantes de un Politécnico de éste territorio: “a mí me obligaron a venir a escuchar estas idioteces 'si no vas mañana estas botado del plantel',” Clara Luz, una profesora jubilada, razonó que “a la oposición política no se le dió espacio, se la obligó a callar, porque 'la visita' no sería para tocar temas políticos, sin embargo, Castro I no dejó de aprovechar la cobertura internacional para hacer lobby a favor del castrismo desde su torcido razonamiento feudalista.” Romualdo Gallegos, un anciano de 78 años, expresó indignado que “a ésta Iglesia siempre le ha importado más besarle el trasero a los gobernantes, que defender a su pueblo,” “Fue un encuentro entre el Diablo y el Demonio en medio del Infierno,” manifestó Hugo Alberto Rosales, que agregó que, “fue cómico, sólo faltaban los ancianos diablitos, para que pareciera un convite de brujas,” a lo que agregó riendo el joven Maikel Rafael Díaz, estudiante de medicina, “fue un encuentro entre el que racionó la 'papa' y el que se dice Papa.” José Ramón Chaveco, un anciano ex-católico, de 80 años expresó su convicción de que “Benedicto XVI vino a premiar a Castro I por los cientos de escuelas católicas y protestantes y privadas, que cerró, el apoderamiento que hizo de edificios de instituciones religiosas y fraternales y la expulsión de centenares de sacerdotes, monjes y monjas, en la década de los 60.” Julia, una ama de casa de 36 años de edad, valoró la participación ciudadana en las actividades convocadas por ésta visita: “entre los asistentes a las ceremonias públicas castro-papales, sólo se respiraba escepticismo,” agregando Rosaura Doimeadios, una católica devota, que “habría que preguntarse, a cuantos católicos dejaron llegar a ambas misas, pues el gobierno procuró llenar el espacio con personas sin formación religiosa, mientras llenaba los calabozos de las estaciones de policía, con disidentes, a la vez que a otros le impedía el paso para que no se aproximaran a la Plaza.” Hubo algunos, como Julio Domenech que sólo vieron “hipocresía en los discursos de ambos grupos,” a la vez que para Diosmel Jackson, quedó claro que, “las Iglesias no están representando al pueblo, interesadas nada más en sus propios intereses institucionales y apoyar al castrismo,” Javier Ramos, fue más tajante cuando expresó que “el pueblo cubano no recibió ninguna 'caridad' de éste 'peregrino', que cayó y no condenó la ola represiva desatada contra el pueblo por culpa de su visita, pues el castrismo de ante mano se sintió fuertemente respaldado por el Vaticano y la Iglesia Católica en Cuba.” “El Papa se negó a reunirse 'un minuto' con las damas de blanco o representantes de la disidencia, mientras dedicó 30 a Castro I,” explicó Ángel Arzuaga, un mecánico automotriz. Josefa Bonachea, vestida con su bata blanca de médica sentenció “mientras el Pontífice bromeaba con los Señores Feudales, habían cerca de 500 personas reprimidas y privadas de su libertad arbitrariamente o retenidas en sus casas, sólo por defender su libertad de expresión y asociación,” Detrás del hospital conocido como La Covadonga, en la Calzada del Cerro, oficiales de la policía política se dedicaron durante unas horas a borrar un cartel contestatario que reclamaba “no queremos papa, necesitamos carne,” y en ese mismo sentido se manifestó Yosiel Betancourt, que explicó que, “ya tenemos la papa, pero no hay carne para rellenarla.” Antonio La Calle expresó escéptico “ésta visita sólo beneficia a los Castros y a la Dictadura implantada en la Isla.” Christian Iglesias hizo pública su sospecha de que, “Jaime Ortega le ocultó la realidad de la esclaviyud de nuestro pueblo y la ruina a la que los Castros llevaron al país y la represión de las últimas horas.” Vladimir Claro opinó que “el Papa hizo como Poncio Pilatos, llegó al Cobre, se arrodilló y entregó el caso cubano a la Vírgen de la caridad para que lo resuelva ella, lo soltó como papa caliente, luego, muy campante se fue a bromear durante media hora de charla, con el principal arruinador del pueblo cubano y del país.” Para hacerle más fielmente el juego a los Castros, la Iglesia dejó correr bolas, como ésta escuchada de boca de un cura en la Iglesia de las Mercedes.”la disidencia estaba preparando un atentado contra el Papa, ya la Seguridad del Estado neutralizó los planes, se ocuparon cientos de armas...,” por lo que al escuchar tremenda barbaridad, Alejandra Francis, una joven de 25 años de edad, declaró concluyente que, la oposición política pudiera hacer ese atentado luego de comprar un quintal de aguacates, otro de boniatos, 10 litros de leche de vaca, y hacer el atentado a fuerza de pedos, pues hace 50 años nos quitaron las armas para defendernos y, al final, ¡nadie nos defiende!” Para Ernesto Cossío, la Iglesia Católica se ha convertido en complice del castrismo, durante un tiempo lo hizo subrepticiamente, aunque no faltaron voces claras que lo denunciaran, pero ya ahora tuvo la desfachatez de demostrarlo en público,” en cambio, Daniela Rojas opinó que, “los Castros interpretaron muy bien el deseo de la Iglesia de desatenderse de las víctimas del holocausto castrista a cambio de algunas migajas de institucionalidad pública, sencillamente los Castros trabajaron en ese sentido, aprovechando la docilidad y la servidumbre de Jaime Ortega.” Gumercindo Machetero calificó la aptitud del sacerdote Carlos Manuel de Céspedes “propia de un perro faldero, desesperado por lamer los genitales de su amo,” cuando saludaba a Castro II.
Al cierre de ésta información, ya muchos de los detenidos regresaban a sus casas y la mayoría de los teléfonos celulares, que entre el domingo 24 y el martes 26 fueron silenciados por las autoridades, habían restablecido su funcionamiento. Ω




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