NO SE LES PERMITE ACOSTARSE EN EL SUELO, SE LES EXIGE LA IDENTIFICACIÓN, SE LES CACHEA Y REQUISA EN PÚBLICO, SIN EXPLICACIONES Y CON AMENAZAS PROVOCATIVAS E INTIMIDANTES, LUEGO SE SELECCIONA A LOS MÁS INFELICES Y SE PROCEDE A SACARLES PARA AFUERA DEL EDIFICIO, DONDE SUS DATOS PERSONALES SON RADIADOS, ALGUNOS SE LES MULTA, A OTROS SE LES PROHÍBE VOLVER AL INTERIOR DE EDIFICIO Y A LOS MENOS AFORTUNADOS SE LES DETIENE Y CONDUCE A LAS TENEBROSAS ESTACIONES DE LA POLICÍA NACIONAL.
Guillermo Enrique Arbella Salazar
La Habana
29/02/2012.- La Policía Especializada, estando imposibilitada de correr detrás de los delincuentes, se ensaña habitualmente contra viajeros y transeúntes que deben pernoctar por las noches en las Estaciones Terminales de Ómnibus, Trenes, La Coubre, así como en paradas de ómnibus, salones de espera de policlínicas, funerarias y hospitales, y parques, al no existir en esta capital u albergue apropiado que brinde refugio a los numerosos ciudadanos que o carecen de vivienda o temerosos de la violencia que día y noche llena nuestras calles, no se atreven a aventurarse por ellas hasta que no es bien de día. Se realizan hasta 4 “operativos” diarios, sobre las 10 de la noche, la una de la madrugada, las 3 a.m. y las 5 a.m., momentos en el que una pareja de policías o un grupo, en forma descompuesta la emprende contra los viajeros, muchos durmientes en los asientos, sentados, porque no se les permite acostarse en el suelo, se les exige la identificación, se les cachea y requisa en público, sin explicaciones y con amenazas provocativas e intimidantes, luego se selecciona a los más infelices y se procede a sacarles para afuera del edificio, donde sus datos personales son radiados, algunos se les multa, a otros se les prohíbe volver al interior de edificio y a los menos afortunados se les detiene y conduce a las tenebrosas estaciones de la Policía Nacional, donde o se les libera al día siguiente o se les procesa por cualquier delito. Incluso dementes y otros discapacitados sufren los mismos atropellos, sin que se excluya la violencia, sobre todo si se trata de personas de la raza negra e indigentes. Mientras estas acciones se despliegan contra ciudadanos humildes y pacíficos, los delincuentes se apropian de las calles, que el eslogan dice que “son de los revolucionarios”, asaltando a mano armada, golpeando, asesinando, extorsionando, estafando, robando en las viviendas y atemorizando a la población, tanto por la violencia, sin resquicios de humanidad, como por la impunidad con la que actúan, sobre todo porque la Policía no se toma el trabajo ni la preocupación de perseguirles, de encontrar formas para neutralizarles o investigar las fechorías cometidas, lo que viene obligando desde los años 90 del pasado siglo, a que los ciudadanos libres, sin previa condena privativa de libertad, se autocondenen a Cadena Perpetua forrando sus viviendas con rejas, cámaras de vigilancia y otros sistemas de seguridad, en los que confían más que en la propia Policía Nacional, que les pelotea y se burla cuando los ingenuos se atreven a ir a denunciar los delitos de los que han sido víctimas. Ω
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