Guillermo Enrique Arbella Salazar
La Habana
29/02/2012.- Una funcionaria del nivel central del Ministerio del Trabajo y Seguridad social, estima que esta Capital existen unas 78 mil personas sin hogar, junto a unas 28 mil procedentes de otras provincias y consideradas «ilegales» o indocumentados o clandestinos, al no poseer los permisos de residencia que anticonstitucionalmente establece una disposición legal que exige «apartheidisticamente» a los ciudadanos procedentes de las demás provincias no establecerse en esta, mal y eufemísticamente llamada “La Capital de Todos los Cubanos”. La mayoría de estas personas, al carecer de dirección reconocida han perdido la libreta de racionamiento y toda la posibilidad de recibir los víveres de la canasta básica, otros poseen este racionamiento en sus provincias de orígenes, algunos fueron echados a la calle por sus familiares, por timadores o por desastres naturales o accidentes, de todos el Estado, la Sociedad y la Familia se ha desentendido y olvidado y todos se encuentran en total estado de indefensión y desamparo, muchos sufren enfermedades crónicas, como cáncer, VIH-SIDA, o enfermedades siquiátricas o discapacidades diversas, la mayoría han terminado en la mendicidad, algunos para salir un poco mas airosos en una sociedad inhumana y desarraigada de valores familiares, sociales y humanos, pero muy supersticiosa, se procuran unos centavos diariamente, saliendo por las calles con alguna figura de yeso del santoral católico-yoruba, como San Lázaro, el mas recurrido, algunos aunque piden para comer o para hacer un mítico viaje, realmente emplean lo que obtienen mendigando para satisfacer adicciones a las bebidas alcohólicas y el tabaquismo, muchos han olvidado os hábitos higiénicos hace mucho tiempo y otros no se acuerdan de lo que es una comida caliente o una cena familiar. Los vagabundos, marginados por la Sociedad, el estado y la Familia, los 3 pilares básicos de la identidad individual y colectiva, en cualquier ciudad del país, llenan por las noches los espacios públicos abiertos o techados (como terminales de ómnibus y ferrocarriles, paradas de ómnibus, salones de espera de hospitales, policlínicas y funerarias, estadios deportivos, parques y plazas e incluso maniguales y bosques aledaños a las ciudades, portales, pasillos, edificaciones abandonadas por peligro de derrumbe o en ruinas, debajo de escaleras, e incluso en aceras y a la orilla de las carreteras), perseguidos por la Policía Nacional y la Especializada en cuanto rincón se resguarden y expuestos a las burlas, la segregación, la marginación y la depredación por parte de jóvenes y delincuentes, sin que nadie les considere seres humanos y ciudadanos, de un país que implanto un sistema político justificándose en la eliminación de la marginalidad y de esos casos. En La Habana, por el dia se ocupan en mendigar, otros, logrado alguna limosna corren a satisfacer sus adicciones, que imperiosamente necesitan para olvidar su situación, sus condiciones infrahumanas de vida, su hambre no satisfecha en mucho tiempo, su indefensión y desamparo, otros se ocupan a tiempo completo, mal durmiendo unas horas, de recoger en los desechos sólidos de las ciudades, productos diversos para canjear en los depósitos habilitados por la Empresa estatal de materias Primas, donde un kilogramo de laticas de aluminio (utilizadas para maltas, refrescos y cervezas) les cuesta un pomo de refresco por valor de 0.40 CUC/USD. Para marginarles, segregarles y discriminarles mas, la Sociedad les llama despreciativamente los «buzos» y «los limpia peceras», porque deben casi sumergirse en los contenedores de basura buscando alimentos y deshechos para canjear en los depósitos que ha habilitado la misma ciudad que les desprecia y no considera como ciudadanos y seres humanos, en un desprecio permanente, y estigmatizados por los ciudadanos “limpios”; muchos también bucean su alimentación con los que otros mas pudientes botan, hurgando en cestos y contenedores de basura llenos de mugre como ellos mismos, o recogiéndolos en aceras y contenes de las calles, expuestos permanentemente al contagio de enfermedades peligrosas y mortales y a ser multados severamente, por la Policía Nacional, con cantidades que ni en 100 pudieran pagar por su condición desarraigada. Para la funcionaria, que se negó a identificarse, no hay ninguna política oficial para asistir social, estatal y humanitariamente a estos marginados para revertirles la situación y mejorarles las condiciones de vida, en cierta oportunidad el Estado decidió internarles en asilos y centros hospitalarios, pero la medida recibió el rechazo de la comunidad internacional, aunque muchos están enfermos de diversas dolencias, la mayoría son solamente enfermos sociales, y tampoco el Estado está en condiciones de acondicionarles refugio ni amparo de ninguna índole, aunque a ellos les bastaría un local techado y medianamente resguardado de las inclemencias del tiempo, donde puedan, tranquilamente tirar un cartón en el piso, limpio, y dormir sin ser molestados por burlones, delincuentes y o policías, y que tuviera baño sanitario para asearse y evacuar sus necesidades y agua potable para beber, pues durante el día es muy difícil que alguna persona les dé un vaso con agua o acepte venderles en un vaso cualquier liquido, aunque lo paguen.
La actual situación económica que enfrenta la Isla, ha aumentado la marginación de estas personas, su indefensión y desamparo, a la vez que ha deteriorado mucho más sus ya deprimidas e infrahumanas condiciones de vida; también ha aumentado gradual y progresivamente la cantidad de sin hogar, vagabundos y mendigos, y la funcionaria entrevistada estima que entre el millón y medio de desempleados que se tirarán para la calle, cerca del 30% engrosarán finalmente y de manera gradual las filas de estas personas marginadas. Ya los recortes a un 5% de las prestaciones en asistencia y bienestar social, terminó desamparando a la mayoría de estas personas, que solamente disponían de las posibilidades que le brindaba la mísera chequerita que el Estado les pagaba, con cifras que oscilaban entre los 0.50 á 4.00 CUC/USD. Las únicas esperanzas para los futuros nuevos posibles vagabundos, será la de dedicarse a negocios privados, propios o como empleados de otros (si alguna vez pudieron ahorrar algún dinerito, algo bastante difícil de haberlo logrado, o encontrar a un inversionista nacional o extranjero que le aporte el financiamiento requerido), o marcharse del país para un destino incierto e inseguro, pero a la vez prometedor, como ha demostrado la diáspora cubana y si encuentra la posibilidad y las vías de salida del cerco y el dinero necesario, que no es poco, para lograrlo, porque ambas vías son bastante costosas y a veces se acorre el riesgo de perderlo todo y no lograr ningún objetivo.
En Cuba no existen refugios ni albergues, ni diurnos ni nocturnos, ni programas humanitarios que asistan a estas personas y al menos les garanticen una comida caliente, sencilla cada día, y les chequeé la salud sistemáticamente, incluso los médicos y enfermeras y técnicos de la salud cubanos, temen asistir a estas personas y también les segregan, discriminan, menosprecian y apartan, aunque se desvivan por atender a personas en condiciones similares en los países del III mundo hasta donde llega el entreguismo del gobierno castrista, siempre preocupado por lo de afuera y no por lo de adentro. La falta de planes objetivos para fortalecer y ampliar el fondo habitacional, determina que las cifras de sin hogar, vagabundos se mantenga en aumento, a merced de los desastres naturales, los accidentes y el deterioro de muchos inmuebles que tienen más de 100 años de construidos, ya en condiciones tremendamente inhumanas viven más de 100 mil familias, según estimación de la funcionaria, que residen en ciudadelas, albergues y solares de la Capital nacional y de cualquier ciudad del territorio nacional, a ellos se suman los que se han atrevido a vivir y edificar sus chozas en los barrios insalubres llamados popularmente «llega y pon» que son las escuelas universitarias para luego ejercer la profesión de vagabundo y mendigo, donde sus pobladores son tan marginados por sus deprimentes condiciones sociales y de vida, que a muchos lugares la Policía, tan valiente para perseguir a los vagabundos en las terminales de ómnibus, no se atreve a entrar a ellos ni con refuerzos de las Fuerzas Armadas blindadas y las tropas antimotines.
Lo cierto es que el mismo Estado y la Sociedad que ha generado 52 años de inoperancia e inhumanitarismo nacionalista, con la carencia de una política oficial, basada en estudios multidisciplinarios que vaya a la causa en vez de tratar de justificar u ocultar los defectos, ha hecho que junto con otras causas y situaciones generadoras de este tipo de marginalidad, la situación de los marginados, sin hogar, vagabundos y mendigos, que no siempre es lo mismo, aunque en la mayoría de estos ciudadanos, las 4 condiciones se unen, cada día se agrava mucho más y cada día tienen menos posibilidades de sobrevivir en un Estado, que les desprecia y niega su existencia, en una Sociedad que les menosprecia y segrega y donde las propias familias les han abandonado y olvidado, a medida que la situación socio-política-económica-estructural pasa del deterioro a la ruina, la destrucción y el caos, y aumentan las filas de marginados, sin hogar, sin empleo ni medios de subsistencia, vagabundos y mendigos y va creciendo el ya de por sí elevado índice de pobreza nacional en un país cuyo gobierno se preocupó por igualar a todos en la pobreza, impidiendo todo ascenso a la prosperidad, la independencia económica y el progreso individual. Ω
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